miércoles, 20 de abril de 2016

"El proceso", de Franz Kafka (3ª parte)

En sus diarios y cartas se quejaba frecuentemente de imsomnio y dolores de cabeza. Fue partidario de la dieta vegetariana y del naturismo. Se dice que bebía mucha leche sin pausterizar, lo que pudo desencadenar su tuberculosis en 1917. No hay acuerdo sobre los problemas psicológicos de Kafka. En sus cuadernos íntimos él habla de "demonios", "derrumbamiento", "embates", " desamparo", "persecución", "soledad", "asalto a las últimas fronteras terrenales" y "agobiante observación de uno mismo". Kafka fue un ser atormentado y complicado, pero también a su manera gozó de la vida con una intensidad fuera de lo común. Pudo tener lo que ahora se denomina Trastorno esquizoide de la personalidad.

Sinopsis


Una mañana cualquiera, Joseph K., joven empleado de un banco, se despierta en la pensión donde reside con la extraña visita de unos hombres que le comunican que está detenido -aunque por el momento seguirá libre-. Le informan de que se ha iniciado un proceso contra él, y le aseguran que conocerá los cargos a su debido tiempo. Así comienza una de las más memorables y enigmáticas pesadillas jamás escritas. Para el protagonista, Joseph K, el proceso laberíntico en el que inesperadamente se ve inmerso supone una toma de conciencia de sí mismo, un despertar que le obliga a reflexionar sobre su propia existencia, sobre la pérdida de la inocencia y la aparición de la muerte. La lectura de El proceso produce cierto "horror vacui" pues nos sumerge en una existencia absurda, el filo de la navaja entre la vida y la nada.

Conclusión


La verdad es que es una lectura un poco extraña, por lo absurdo de sus personajes, un proceso aparentemente sin motivo y a la vez una clara crítica de la administración de la justicia.

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