sábado, 21 de mayo de 2016

"Trafalgar" de Benito Pérez Galdós (3ª parte)

 Más tarde en las elecciones generales de España de 1910 se presentaría como líder de Conjunción Republicano-Socialista, formada por partidos republicanos y el PSOE, en que dicha coalición obtendría un 10,3% de votos.

El 15 de marzo de 1882 se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, la primera obra madura de la producción teatral de Galdós: Realidad. El autor recordaría luego esa noche en sus Memorias como <<solemne, inolvidable para mí>>. El éxito de la obra, y la buena disposición de la Guerrero, les llevaría a estrenar en los primeros días de 1893 la versión teatral de La loca de la casa (que como libro había pasado casi inadvertido). Pero su confirmación como autor de éxito y crítica se la dio La de San Quintín, estrenada el 27 de enero de 1894; su cuarta obra llevada a las tablas, tras el fracaso de la adaptación del episodio Gerona.

Pero el estreno más recordado de Galdós fue quizá el de su Electra, el 30 de enero de 1901, por lo que supuso de oportuno “alegato contra los poderes de la iglesia y contra las órdenes religiosas que la servían” en un momento histórico en el que en España, tras los avances liberales del periodo 1868-1873, crecía de nuevo la influencia de los intereses políticos del Vaticano. Aquella bofetada, que para asombro del propio Galdós fue mucho más sonora de lo que él había esperado, encendería la mecha de una conspiración ultramontana, que al cabo de los años se llevaría una desproporcionada, triste y muy poco cristiana revancha: impedir que el genio literario de Galdós fuera reconocido con el Premio Nobel de Literatura.


Por fin, en 1897, y pese a las oposiciones de los sectores conservadores del país -y en especial de los neos (neocatólicos)-, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española.

Podría decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa peña, indicándonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas (…). Contábamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aquí se va, y nada más que por aquí. Pero la voz sobrenatural no hiere aún nuestros oídos y los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos. Algunos, que intrépidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto más que tinieblas y enmarañadas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acción física de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque allí hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos.

Fragmento del discurso leído por Pérez Galdós ante la Real Academia Española

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara, y se dividió todo en dos partes, de lo que resultó que Galdós, en veinte años de gestión conjunta, había recibido unas 80.000 pesetas más de lo que le correspondía. Después se averiguó que De la Cámara no había sido del todo legal respecto al número y fecha de las ediciones de sus obras; lo cierto es que a Galdós le dejó un déficit de 100.000 pesetas. Sin embargo, quedó en su propiedad el cincuenta por ciento de sus libros que quedaba en espera de venta, 60.000 ejemplares en total. Para librarse de ellos abrió el escritor una casa editorial con el nombre de “Obras de Pérez Galdós” en la calle de Hortaleza (número 132 bajo). Los dos primeros títulos que puso en el mercado fueron Doña Perfecta y El abuelo. Continuó esta actividad editorial hasta 1904, año en que, cansado, firmó un contrato con la Editorial Hernando.

La vida sentimental de Galdós, que el escritor conservó celosamente en secreto, tardó en ser estudiada con cierto método. Hubo que esperar a que en 1948, el hispanista lituano establecido en Estados Unidos, Chonon Berkowitz, publicase su estudio biográfico titulado Pérez Galdós. Spanish Liberal Crusader (1843-1920).

Todos los críticos coinciden en la esterilidad biográfica de sus Memorias de un desmemoriado (Galdós poseía una memoria portentosa), escrita en forma de diario de viajes, y no se sabe si para desantelar empeños biográficos ulteriores.

Galdós permaneció soltero hasta su muerte. Algunos amigos y contemporáneos dejaron noticia de su debilidad por las relaciones con profesionales, aunque no se ha podido demostrar cuánto haya de mito y exageración en ello. Se le conoce una hija natural, María Galdós Cobián, nacida en 1891 de Lorenza Cobían. La lista de pasiones amorosas más o menos carnales se puede complementar con los nombres de la actriz meritoria Concha (Ruth) Morell y con la novelista Emilia Pardo Bazán. Una dilatada colección de estudios intentando desentrañar las relaciones claras de los rumores, permiten añadir a estas tres mujeres mencionadas una variopinta lista en la que figuran los nombres de la actriz Carmen Cobeña; la poetisa y narradora Sofía Casanova que estrenó en el teatro Español su comedia La Madeja (con dirección artística del propio Galdós); la actriz Anna Judic; la cantante Marcella Sembrich; la artista Elisa Cobun; la actriz Concha Catalá, que trabajó en la compañía de Rosario Pino; y la viuda Teodosia Gandarias Landete, su último y algo más que platónico amor.


Al hilo de estos temas, la escritora y pintora Margarita Nelken, en su artículo titulado El aniversario de Galdós/Intimidades y recuerdos, y publicado en el diario El Sol del 4 de enero de 1923, comentaba la afición de Galdós por rodearse de “mujeres jóvenes que pusieran risas y se ponía más achacoso para que le mimásemos más”.

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